Y todo volverá a ser como antes. ¿Estarán? – Noticias

Cómo lidiar con las marcas dejadas por una etapa difícil

Por Taína Marques
18 23 2021

La pandemia trajo una nueva forma de ver el mundo (Foto: Anna Shvets / Pexels)

Era el año 1918. La gripe española diezmaba a millones de personas en todo el mundo. Un siglo después, otro enemigo invisible amenaza millones de vidas, sin elegir rango de edad, clase social o región del planeta. Desde que el coronavirus empezó a afectar nuestro día a día han sido habituales las llamadas, en las calles y en Internet, para que todo vuelva a ser como antes.

De hecho, la pandemia no solo trajo el miedo constante a la muerte, sino que también sacudió la salud mental de las personas, contaminadas o no. El aislamiento social, para una especie que tiene en su estructura psíquica la necesidad de socializar, es demoledor. Confinamiento, también para quienes estaban acostumbrados a ejercer su derecho de ir y venir. La privación del trabajador de aquello que lo dignifica y lo hace sentir útil trajo inestabilidad financiera y temor por su propia supervivencia.

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En el interior de las casas, la tan esperada convivencia familiar, ahora forzada y sumada a la tensión emocional, derivó en un aumento del número de divorcios y casos de violencia intrafamiliar, especialmente contra los grupos más vulnerables (mujeres, niños y ancianos). Además, la gente se queja de la dificultad de administrar su tiempo; unos por no saber ocuparlo, otros por haber triplicado sus demandas en el régimen oficina en casa.

¿Y qué hay del sentimiento de impotencia de quienes ni siquiera pueden vigilar y enterrar a sus seres queridos que se fueron inesperadamente, sin siquiera despedirse? No son solo los pulmones los que duelen por COVID-19; el dolor es mucho más extenso, intenso y severo de lo que imagina. Más que falta de aire, no hay razón para respirar.

¿Volveremos a la normalidad?

Cuando el virus se “extinga”, ¿todo volverá a ser como antes? La respuesta, aunque obvia, todavía es negada por muchos: no, ¡nada volverá a su estado anterior! Es imposible pasar por una pandemia y permanecer igual. Incluso con los establecimientos reabiertos, escuelas y universidades repletas de estudiantes, templos realizando sus servicios, todo esto se readaptará y limitará, buscando la seguridad pública. Y en las mentes que presenciaron lo peor de esta guerra, las pérdidas, ya sean materiales o emocionales, aún quedarán registradas.

No es de extrañar el aumento o agravamiento de los síntomas depresivos, la ansiedad, el pánico y el estrés ante las incertidumbres sobre el futuro, producto de la crisis vivida. Y toda crisis requiere un reajuste; el desarrollo de mecanismos de respuesta a la nueva realidad. Cuando el sujeto no logra establecer una forma mínimamente saludable de responder a una situación crítica, se registrará en su memoria como un episodio traumático.

Señales de advertencia

En psicología, un trauma es la angustia emocional relacionada con el recuerdo de algún evento del pasado. Sus efectos van desde el miedo, la angustia y las preocupaciones exacerbadas hasta síntomas fisiológicos, como palpitaciones, temblores, sudoración, alteraciones del sueño y pérdida o aumento de peso. También pueden ocurrir cambios de comportamiento, como aislamiento severo y dificultad para regresar a algunas actividades rutinarias. En situaciones más graves, puede haber invasiones visuales o sensitivas que le dan al individuo la ilusión de revivir ese momento de dolor.

Dentro de la clasificación de los trastornos mentales se encuentra el trastorno por estrés postraumático. Debes haber conocido a alguien que, luego de presenciar o vivir una situación de sufrimiento extremo, violencia, un accidente o incluso la muerte, se volvió aislado, introvertido, llorando constantemente, sintiendo miedo, teniendo recuerdos involuntarios del evento, o incluso olvidando importantes información al respecto. También es común que la persona se culpe por lo sucedido y trate de remediarlo para reducir su dolor y el de los demás involucrados. El trastorno de estrés postraumático suele aparecer en los días posteriores al evento, dura unos seis meses y requiere ayuda especializada. Es algo muy de esperar en la realidad de la pospandémica.

Creciendo con el dolor

A pesar del dolor, es en los momentos de mayor conmoción emocional cuando el sujeto se desarrolla de manera más significativa. Para el psicoanalista alemán Erik Erickson, este es el momento crucial en el que la persona necesita encontrar puntos de equilibrio que le permitan crecer, o llegará a un estado de vulnerabilidad y enfermedad que requiere mayores cuidados. No es una elección consciente e intencionada, sino que es el resultado del estado mental del individuo y de cómo afronta la vida.

Pero, en términos prácticos, ¿qué actitudes y perspectivas podemos adoptar para crecer ante el sufrimiento? ¿Cómo lidiar con el trauma y los resultados emocionales de un período como una pandemia, por ejemplo? Veamos algunas alternativas:

1. Reconoce los síntomas

Negar el sufrimiento o los signos de la enfermedad es una forma infructuosa de afrontarlo. Es necesario entender que este estado no presupone debilidad, sino una fragilidad completamente natural ante situaciones tan difíciles. Nadie está preparado para la crisis, por lo tanto, no se puede esperar enfrentar algo inusual de una manera común.

2. Busque ayuda

Nadie puede comprender mejor la proporción del sufrimiento que la mente que lo entretiene. Conoce su dolor y sus límites, y necesita identificar cuándo su cuerpo le indica que necesita atención. Y nunca debe clasificarse a sí mismo como débil por eso; Entienda que esto es solo un estado y, por lo tanto, cambiante. Una mirada externa puede aportar ideas y métodos para lidiar con la crisis que nunca se le pasó por la cabeza.

3. Acepta las diferencias

En un momento como el actual, de transición de valores y adaptación de la normalidad, es posible madurar adquiriendo nuevos conocimientos y habilidades, o desarrollar síntomas que conduzcan a la vulnerabilidad emocional. No te compares con los demás; la gente sobrevive a la misma crisis de diferentes maneras. Generalizar el dolor es anular las singularidades.

4. Comprender el papel didáctico del tiempo.

El desarrollo del niño se caracteriza por etapas; hay un momento ideal para cada tipo de aprendizaje, ya que tendrá experiencias y madurez para absorberlo. De la misma forma, el adulto necesita entender que se necesita tiempo para ampliar sus límites y lograr los resultados de un período vivido. La paciencia para poner los eventos en su debida etapa traerá una mayor comprensión de las actitudes a tomar y los recuerdos a trabajar. Algunos ciclos se cierran, otros se abren, otros regresan y algunos necesitan ser abandonados. ¡Estar separados!

5. Renovar las expectativas

Pensar en el futuro con las mismas expectativas del pasado, olvidar que una pandemia interceptó nuestro flujo, es una ilusión. Sí, el año 2020 dejará marcas en la historia de cada uno de nosotros. ¡Nunca seremos lo mismo! Planear el futuro en base a la nueva realidad; Desarrollar nuevos métodos y una nueva rutina. Crea expectativas basadas en en quién te transformaste después de vivir todo eso, entendiendo tu dolor, aceptando tus marcas y cuidando tus miedos.

6. Ejercita la fe

Cuando todo se salga de control, o incluso cuando te sientas cansado de luchar, busca refugio en el regazo de Aquel que tiene dominio sobre todas las cosas. Dios no te privará de experimentar el sufrimiento, pero te dará el consuelo y la fuerza para enfrentarlo. La fe no es un estado de inercia y comodidad, sino una forma de confrontación. Lucha con tus manos, pero en el regazo divino.

Y recuerda: nada volverá a ser lo mismo. ¡Ya no somos los mismos que hace unos segundos!


Taina Marques Es psicóloga, especialista en Salud Mental.

Este artículo fue publicado originalmente en la Revista AFAM Julio septiembre 2020.

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