Una zanja contaminante genera problemas en Guayacanes

Cuando Mayra Arellano se va o vuelve a casa, acelera el paso e inmediatamente se tapa la nariz para evitar malos olores que, a todas horas, emanan una zanja de drenaje de aguas pluviales ubicado frente a su casa.

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Ella reside en la cuadra 176 de la ciudadela Guayacanes, cuarta etapa, en el norte de Guayaquil, por donde pasa ese canal que se ha convertido en un dolor de cabeza para todos los vecinos. Piden el cierre de la zanja y la construcción de un conducto de caja para drenar el agua de lluvia.

El concesionario Interagua informó a EXPRESO que un equipo técnico recorrió este ramal de dos kilómetros de largo, que está influenciado por la marea del río Guayas, pero no encontró mayores problemas.

Sin embargo, este canal que separa las ciudadelas Guayacanes y Samanes, Está cubierto de maleza y basura que lo convierte en un sitio contaminante y un caldo de cultivo para los mosquitos que causan diversas enfermedades. El problema se acentúa por la presencia de cámaras que esparcen residuos y apuestan por las drogas.

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Allí, las plantas de lechuga se multiplican de inmediato, así como las bolsas de basura y todo tipo de desechos (desde material de construcción hasta animales muertos) que personas sin escrúpulos tiran todos los días. “En este sector ya no se puede vivir con tranquilidad, por eso mi familia está pensando en mudarse a otro lado”, dice Claudia Solórzano, quien vive en el sector desde hace más de 15 años y ha visto caer a varias personas en el canal de múltiples ocasiones. Los vehículos circulan a alta velocidad por los dos carriles de este tramo de la Avenida Teodoro Alvarado, que carece de iluminación.

Tenemos que vivir con las ventanas cerradas para no percibir malos olores, sobre todo a la hora de comer. También lo hacemos por la cantidad de mosquitos que existen.

Daniel Villacreces, habitante de la ciudadela Guayacanes

Y no solo eso. Romina Vernaza, quien vive en la zona desde hace 20 años, dice que en octubre pasado apareció un cuerpo al pie de la acequia. “Estaba camuflado en la maleza. Luego supimos que era un delincuente al que le habían disparado en otro lugar y lo echaron aquí ”, destaca.

La delincuencia se acentúa todos los días en la zona. Las calles oscuras se han convertido en moteles para parejas enamoradas y habitaciones para mendigos y vagabundos.

Iván García Moncayo, habitante de la ciudadela Guayacanes

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En lugar de Roxana Maruri narra que hace dos semanas tuvo que ayudar a una niña, que había sufrido un secuestro exprés y caminaba desorientado por esas calles oscuras, cerca de la cuneta. “La inseguridad y la actividad delictiva crece cada día en el sector, a pesar de los patrullajes policiales”, dice, resaltando que nadie se salva de ser asaltado.

Que lo corrobora Francisco Cisneros, a quien le quitaron el teléfono celular el fin de semana y trató de robar su auto al pie de su casa. “Este sector se ha convertido en tierra de nadie”, dice preocupado.

La inseguridad ha obligado para colocar grandes cerramientos y puertas metálicas y de hierro en comercios y viviendas. Los propietarios incluso han tenido que instalar cámaras de videovigilancia y contratar guardias privados para cuidarlos las 24 horas del día. “Realizamos estas acciones de autoprotección para tener un poco de tranquilidad”, dice Marisol Campos, quien en los primeros meses de la pandemia COVID-19, los delincuentes irrumpieron en su casa y se llevaron varios electrodomésticos.

PeligroLa presencia de lotes baldíos también preocupa a los habitantes de Guayacanes. Los delincuentes se esconden allí para acercarse a sus víctimas.

El Segundo Cabo de Policía, Rafael Chiquito, quien pertenece al grupo de operativos motorizados y tiene su base en la Avenida Antonio Parra Velasco, dice que realizan patrullajes permanentes y que siempre están al tanto de las alarmas que se emiten a través de un chat comunitario. “Lamentablemente los delincuentes están por todas partes y están bien organizados”, reflexiona el uniformado, que ayer había detenido a un ciudadano en el momento en que intimidaba a una mujer con un cuchillo, para robarle sus pertenencias.

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