Todo se transforma

Quemeimportismo -una hermosa palabra ecuatoriana, por cierto- cuando ayer llegó el momento de ir a las urnas y fueron a ellos sin haber revisado las historias de quienes recibieron el voto, es el aval de hoy que los que fueron elegidos por su La membresía de un acrónimo se adhiere a sus cargos sin importar lo que esté en su contra. Todo se transforma.

La parcialidad de ayer a la hora de criticar y el indignación cuando estallaron irregularidades contra personajes públicos del otro lado y la ceguera de hoy frente a los aliados son la garantía para que no se depuren responsabilidades y se argumente siempre el maltrecho discurso de persecución política. Todo se transforma.

Simplemente me pregunto si alguien dejaría el sueldo extra navideño o los ahorros para la educación de los niños -quien los tenga- bajo la custodia de un personaje que no conocen y que, en sus primeros comportamientos, pone excusas, miente, tergiversa el hechos o hable en voz baja para que nadie pueda oír. Si en la vida cotidiana vemos señales de alerta en determinadas pautas que nos desaniman a confiar en nuestras cosas más valoradas, ¿por qué no hacemos lo mismo con lo público? Lo que es público son los impuestos que todos – bueno, todos en teoría, por supuesto – pagamos para que las cosas se hagan por el bien común. Lo que es público son servicios como salud, educación u oportunidades para quienes son discriminados. El público es la infraestructura que nos permite vivir, sanar, estudiar, viajar o disfrutar de los espacios. El público debe ser tan o más cuidadoso que el privado. Pero no. Lo tratamos como si fuera de otra persona. Con ese importismo. Como si una vez que los impuestos salieran del bolsillo no les hubiera costado esfuerzo, dedicación y tiempo ganarlos y como si no importara que se desperdicien.

La Asamblea dijo ayer que las glosas y los informes de responsabilidad penal son meras presunciones. Son. Presunciones de que se abusó de una posición de poder para usar en beneficio personal algo que debería usarse para el progreso de todos. Presunción de irregularidad. Es una bandera roja. No es una condena, es cierto, hasta que se complete el proceso, sino una señal. ¿O de dónde vienen las pistas? Una cosa es ser inocente y otra parecer digno de confianza.

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