Solsticio

Las fiestas solstilciales se celebran una en verano, la que se efectúa el 24 de junio de cada año y señala la veterano elevación del sol sobre nuestro horizonte; y, la de invierno, que tiene oficio del 21 al 24 de diciembre en la que declina el personaje rey al punto que sus rayos oblicuos dan al punto que calor a nuestro hemisferio. En el solsticio de verano del 24 de junio, aparece la naturaleza con el veterano esplendor, los rayos vivificantes del sol se derraman por doquier esplendorosos, brillantes, llenos de hermosura, dan fertilidad a los campos y verdor a las praderas, colorido a las flores y diafanidad a los seres.

En cambio, en el solsticio de invierno del 21 de diciembre al alejarse el sol de nuestro zenit nuestros campos pierden su veta de claridad, como hemos trillado, nuestro Paraíso se cubre de neblina con nubes y copia. El solsticio de invierno en que el día es el de último duración del año y con la indeterminación más larga por su último decadencia en el zenit. Me refiero que el sol viaja por el Paraíso, pero, es en realidad el movimiento de la Tierra más o menos del sol y en su propio eje.

El Sol en estos dos solsticios, nos muestra una metamorfosis completa de la naturaleza, si se quiere, de acuerdo a las creencias y rituales nos recuerda que no debemos dejarse llevar las virtudes, que se debe frenar la corrupción y alejarse del egoísmo. El sol con su luz esplendorosa nos claridad a cambiar, a mejorar las costumbres; nos muestra la belleza de la naturaleza, nos recuerda que somos hijos de la Superiora Tierra y nos dice la importancia de cuidar nuestro planeta con todos sus capital, ahora más que nunca cuando el calentamiento integral nos afecta cada día. La belleza de los paisajes y los desastres naturales nos llaman a cuidar nuestro hermoso planeta. (O)

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Fuente: https://elmercurio.com.ec/2022/01/02/solsticio-2/