¡Sí, iré! – Ventana 10/40

“Ser misionero, para mí, es el mayor privilegio al que aspirar en la vida”. (Andrés)

23 23 2014

Testimonio de Andrés que trabaja como misionero voluntario en la División Euroasiática

Libertador San Martín, Argentina … [ASN] Nací en un hogar cristiano de padres misioneros. Mi papá es profesor de educación física, pero es un profesor muy especial. A lo largo de mi infancia y adolescencia lo vi trabajar en las escuelas secundarias, con un único objetivo: que sus alumnos conozcan a Jesús y lo acepten como Salvador y Señor de sus vidas. Vi cómo aprovechaba todas las oportunidades que le brindaban las situaciones deportivas, los entrenamientos y los viajes para lograr ese objetivo.

Lea también:

Egipto ya tiene su primer club Pathfinder

Joven voluntaria en Honduras dice sentirse realizada

Jóvenes sudamericanos llegan a decenas con estudios y amistad en Uruguay

En el campo deportivo antes mencionado, se puede ayudar a los niños a notar las debilidades de su carácter y a superarlas. Además, se puede inducir a los jóvenes a desarrollar hábitos de vida saludables y actitudes valiosas, tales como: perseverancia, cooperación y autoestima. Sobre todo, en ese clima de alegría y satisfacción que se genera en el deporte, se puede presentar a Dios como el dador de todo lo que disfrutamos y como el único capaz de ayudarnos con nuestros problemas y cambiar nuestra vida.

Con la experiencia que tuve de ver cómo mi padre usaba el deporte para acercar a los jóvenes a Jesús, el sueño de dedicar mi vida a ese ministerio creció en mi propio corazón. Decidí poner mi profesión a los pies de Jesús para que el Señor me usara como instrumento para su obra, como se menciona en la Biblia, en Mateo 28: 19,20.

El año pasado, mientras estudiaba los últimos cursos de la Facultad de Educación Física, en la Universidad Adventista de Plata, Argentina, una mañana me llamó el pastor Walter Lehoux, vicerrector de Bienestar Estudiantil y coordinador general del programa de Servicio Voluntario Adventista. oficina. la UAP. El pastor me dijo que se necesitaba un maestro de educación física que estuviera dispuesto a ser voluntario en un país de la Ventana 10/40.

Esta invitación fue un regalo de Dios. Él conocía mi deseo de servir y me dio la oportunidad y el privilegio de ser misionero, a través del deporte. De inmediato, y lleno de emoción, le dije al pastor que quería ir a ese lugar.

Por otro lado, hubo una historia paralela de tres años de una hermosa amistad con Daiana. En esos mismos días habíamos tomado la decisión de seguir adelante en nuestra relación y estar saliendo. Ese hecho fue el que más preocupación me generó. Me dolió dejarla sola durante todo un año. Cuando le conté los planes, noté que sus ojos se llenaron de lágrimas pero me suplicó que no renunciara a mi decisión por nada en este mundo. Ser misionero y predicar el evangelio es lo más hermoso que le puede pasar a un joven cristiano. Oramos y le dimos a Dios todas nuestras preocupaciones y él nos dio paz.

En esa época del año las exigencias académicas al finalizar la carrera me exigían mucha atención. Estaba tan ocupado que me distraía descuidando la parte más importante de mi vida, que es la comunión con Dios.

Hablé con el pastor Lehoux y le conté lo que me estaba pasando. Esa conversación me ayudó mucho. Entendí que el enemigo quería hacerme fracasar. Me di cuenta de que la parte más importante de mi vida es la preparación espiritual. Comprendí que Dios me estaba llamando a cumplir una tarea importante que no se puede improvisar. Para cumplir la misión, uno debe depender completamente del Espíritu Santo.
Hoy soy un misionero en la Ventana 10/40. Ser misionero, para mí, es el mayor privilegio al que aspirar en la vida. No lo tomo como una experiencia de un año. Misionero es lo que quiero ser hasta el día en que Jesús regrese. [Equipo ASN, Universidad Adventista del Plata y Patricia Marcos]

Si quieres ser voluntario en un país del mundo, ve a: http://adventistas.org/es/voluntarios/

Noticias relacionadas