Perfeccionemos la ilustración

Hace unos meses recibí de un querido amigo el libro En defensa de la ilustración, de Steven Pinker. El libro es una reflexión fantástica sobre el progreso de la humanidad en casi todas las formas mensurables y su conexión con lo que él describe como iluminación. La reflexión lleva al hecho de que el gran motor de esta evolución es la ciencia, la razón y, en última instancia, la verdad. Leí el libro en medio del proceso de elección para electores convencionales en Chile. Un país que objetivamente tuvo el mejor desarrollo relativo de la región, la mayor transparencia institucional, la mayor seguridad ciudadana, la mayor tecnificación agrícola, una de las monedas más estables, una justicia creíble, una prensa que admitía diversidad de expresión, un buen sistema tributario , un país que redujo sustancialmente la desigualdad (técnicamente medida a través del índice de Gini), solo por nombrar algunos indicadores. Ese país en las urnas dio un paso al vacío, impulsando la construcción de una Constitución que parece borrar gran parte de ese avance. Como lo describió el brasileño Reinaldo dos Santos, un pueblo que felizmente levantó un puño para buscar un cambio en las urnas, y que quizás en el futuro extenderá la otra mano para pedir caridad para un sistema que lo destruirá.

Me refiero a Pinker en esta columna porque a pesar de que abundantes evidencias, no solo de la situación en Chile sino también de otros países de la órbita izquierdista, apuntaban a luces de peligro en el acantilado, el votante decidió quedarse al borde y salto. Me he preguntado cien veces por qué. En economía existe algo llamado la falacia de la composición, la inversa de la cual es la falacia de la división. Lo que ilustra este último es la inferencia de que “algo es cierto sobre las partes individuales de un todo porque es cierto para todo el grupo”.

Existe amplia evidencia de que Ecuador ha avanzado en muchos aspectos e indicadores globales, pero tenemos que mejorar la realidad de muchos sectores importantes, para ellos y no acercarnos al precipicio en cuatro años.

.