La felicidad es un arma cargada

La felicidad es un arma cargada

Los seres vivos se caracterizan por algo específico … Todos somos sensibles. Pero, ¿en qué medida nos puede afectar el cóctel de emociones al que estamos expuestos cada día?

De todos los sentimientos que encontramos en nuestro día a día, el más deseado es la felicidad, tratamos de lograrlo a toda costa y se vuelve tangible de diversas formas. Para algunos, la felicidad se deriva del prestigio, el dinero, el amor, entre otros. Pero, todas estas proyecciones se subdividen aún más, por ejemplo: la felicidad puede provenir del amor de una pareja, el amor de hermanos, padres, etc.

Para comprender más claramente el impacto ideológico de la felicidad en el ser humano, de los diversos pensamientos filosóficos y religiosos, existen dos corrientes que han influido notoriamente en nuestro entorno la forma de proyectar este sentimiento.

El primero se basa en el pensamiento aristotélicoEsto se relaciona con la felicidad con virtud humana y sostiene que “el hombre feliz vive bien y trabaja bien”. Aristóteles dice que la virtud no es parte del cuerpo, sino del alma, por lo tanto, la felicidad será proporcionada por ella.

La segunda corriente es la cristiandadA diferencia del pensamiento aristotélico, la felicidad se adquiere después de la muerte. En nuestra experiencia terrenal, este sentimiento se logra trabajando en el nombre de Dios; sin embargo, está presente por poco tiempo, ya que el ser humano es imperfecto y comete errores que son considerados pecados a los ojos del cristianismo.

Ahora bien, aunque estas dos corrientes tienen ciertas similitudes, lo más destacable es que ambas proyectan la felicidad desde una perspectiva positiva. Al afirmar que la alegría es un sentimiento positivo, omitimos la idea de que demasiado es dañino. No hay medida de la felicidad, algunos se alegran con poco y otros infelices con mucho, pero, si algo está claro, es que la felicidad es un arma cargada.

Tomar decisiones efusivas provocadas por nuestros instintos más viscerales son consecuencias de esta emoción. El llamado “vacío” que existe cuando cumplimos nuestros sueños y metas, e incluso la falta de empatía que genera ser siempre feliz, es un agravante sustancial en nuestras vidas.

Los contrastes son necesarios para ser felices, no podemos creer que seamos seres destinados a actuar en nombre de Dios oa usar una fórmula de virtudes para sentirnos bien. Ningún tercero puede generar felicidad en nuestras vidas, es nuestra propia naturaleza humana la que crea ese sentimiento, el mismo que se aprecia gracias a la dualidad.

Tenemos que entender que la felicidad idealizada no es la solución. Todos queremos que los consejos de los libros de motivación funcionen, pero ¿no implica esto rechazar nuestra naturaleza? Se nos ha enseñado a romantizar este sentimiento y, al hacerlo, eclipsamos a su contraparte. Estar triste es algo necesario y forma parte de la dualidad con la que estamos en contacto. La felicidad idealizada es un arma cargada, porque nos obliga a rechazar lo único en lo que tenemos verdadera certeza, nuestra naturaleza. Negar el dolor no es felicidad.

@Rodriguez_Khori

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