Ecuador, dos primaveras sin cerrar la dolorosa herida abierta por la covid-19

Dos primaveras posteriormente de los momentos de terror que se vivieron en las calles, en los hospitales y en los cementerios de Guayaquil por el imponente número de fallecidos, Ecuador sigue sin cerrar la dolorosa herida que la pandemia causó especialmente en marzo y abril de 2020.

En esos dos meses, el Instituto de Estadística y Censos contabilizó un exceso de 18.754 personas que murieron por causas presuntamente ligadas a la covid-19 en todo el país.

Y aunque hasta ahora no ha sido posible confirmar la razón auténtico de todos los decesos, esas cifras y las imágenes dantescas de los cadáveres en las calles de la segunda ciudad más importante del país pusieron a Ecuador en el foco mundial.

Uno de esos fallecidos fue el padre de Blanca Reyes, Julio Reyes, quien murió en un hospital conocido el 28 de marzo, tan solo un mes posteriormente de que se confirmara el primer caso de coronavirus en Ecuador.

«La enfermedad de mi papá inició el 17 de marzo. Pasaron los días y empeoró, pero nos decían que no vayamos a los hospitales porque estaban saturados», recuerda Reyes con impotencia.

publicidad

Tras recorrer varios centros médicos donde le negaron la atención, el 25 de marzo Blanca llevó a su padre al hospital Los Ceibos con un cuadro de pulmonía.

«Había más de 300 personas en retraso. Pasamos dos días en emergencia y, pese a que le hacían exámenes y le mandaban medicamentos, no le dieron ni un paracetamol», sostiene.

Cuando por fin lo ingresaron, le dijeron a ella que se fuera a casa. Esa fue la última vez que lo vio con vida. «A las 24 horas me dijeron que había fallecido», relata Reyes, y ahí comenzó su particular calvario porque el cuerpo de su padre fue extraviado.

El restos de Julio Reyes apareció un mes posteriormente en uno de los contenedores que se instalaron como morgues móviles en el hospital.

«Hubiera querido que me lo devuelvan y que muriera con dignidad», lamenta su hija.

EL COLAPSO DEL SISTEMA DE SALUD

El doctor Jairo Gallegos, intensivista del hospital Guasmo Sur, al que llegó la primera paciente con covid-19 confirmada en el país, recuerda que las primeras semanas fueron de mucha incertidumbre.

«Nos preparamos con anticipación, pero una vez que llegó el primer caso, la sala que se destinó para percibir a los pacientes se empezó a satisfacer», recuerda el médico, y con el sobrevenir de las semanas, todo el hospital tuvo que quitarse a atender la enfermedad porque «fue una expansión conveniente rápida».

Durante el primer mes no pudieron extubar a ningún paciente en cuidados intensivos: todos fallecieron. «No lográbamos descifrar cuál era la mejor conducta terapéutica para el manejo de estos pacientes. Fue muy difícil», comenta.

En el hospital le tocó atender a su padre, a otros familiares e incluso a compañeros del hospital que se contagiaron durante la emergencia. Algunos no sobrevivieron.

Consultado por la situación de los cadáveres en las morgues, el diestro dice a Efe que eso lo manejó el campo de acción administrativa y los médicos siguieron las normas «que se exigieron en ese momento».

Encima de los cientos de fallecidos del hospital, en esos mismos contenedores en los que acabó Julio Reyes se almacenaron igualmente los cuerpos que la Fuerza de Tarea Conjunta, creada por el Gobierno para disimular la crisis funeraria, recogía en las casas y calles de Guayaquil.

En ese entonces, familiares de fallecidos denunciaron que en el hospital les cobraban hasta 100 dólares por darles informativo sobre los cuerpos, por lo que la Fiscalía abrió una investigación por el mal manejo y la pérdida de los cadáveres.

Tras dos primaveras, el proceso legislativo, en el que igualmente se investigan a otros hospitales de la ciudad, está estancado en la investigación previa. No hay culpables, pero sí familias que aún no saben qué pasó con los cuerpos de sus parientes.

LOS CADÁVERES EN LAS CALLES

Hasta los contenedores del mismo hospital Guasmo Sur llegó el cuerpo de Luis Ayala, quien murió el 30 de marzo en su casa. «Desde ese día empezamos a acentuar al 911 y nos dijeron que había demasiados fallecidos y que iban a tardar en retirar el cuerpo», narra su hija Sharon Ayala.

Según el Registro Civil, entre el 30 de marzo y 5 de abril murieron entre 500 y 700 personas por día solo en la costera provincia de Guayas, cuya hacienda es Guayaquil.

Pasaron cuatro días y nadie contestaba en la segmento de emergencias. «Ya no podíamos convivir con el cuerpo de mi papá y teníamos problemas con los vecinos por los olores. Nos recomendaron despabilarse un dominio para enterrarlo por nuestra cuenta», dice Ayala entre lágrimas.

Intentaron comprar un caja y un espacio en un camposanto, pero siquiera pudieron. «Las cajas sencillas estaban en 1.500 dólares y había filas muy largas en los cementerios», señala.

Cuando por fin llegó Medicina Lícito, le dijeron que se lo llevarían a los contenedores y no supo de su paradero en dos meses. En esos mismos días, decenas de cuerpos que empezaban a descomponerse fueron abandonados en las calles oportuno al colapso de las funerarias.

Encontró el nombre de su padre en la página web que habilitó el Gobierno en presencia de el publicidad de los familiares de conocer en dónde estaban enterrando los cuerpos, pues funcionarios locales hablaron del uso de fosas comunes.

«Eso no ocurrió. Aquí cada fallecido está en un espacio con una ubicación asignada», enfatiza el presidente de Camposanto Parque de la Paz, Fernando Flores. En dos de los cementerios que él dirige se enterraron los cuerpos que estaban en los contenedores.

Sin retención, no niega que hubo un mal manejo de los cuerpos en esas morgues. «La Fiscalía ha realizado varias exhumaciones porque está investigando. Nosotros no podíamos controlar que el fallecido sea el fallecido más allá de la formalidad que tenía, porque no los podíamos manipular. Venían en bolsas negras y selladas», detalla a Efe.

Uno de los cadáveres exhumados fue precisamente el que estaba en el espacio del padre de Sharon. En agosto de 2020, recibió una señal de Criminalística en la que le dijeron que habían antitético a su pariente en uno de los contenedores.

Tras las pruebas de ADN, tuvieron que desenterrar el restos que estaba en el espacio de Luis Ayala y en el que Sharon y su comunidad habían llorado muchas veces.

«Seis meses posteriormente de que falleció mi papá, recién lo sepulté. Fueron momentos muy duros porque nunca nos imaginamos que íbamos a existir esta situación», lamenta.

En total, 1.498 cuerpos recogidos por la Fuerza de Tarea fueron enterrados en Parque de la Paz, sumados a los 100 diarios que recogió y enterró por su cuenta el cementerio entre finales de marzo e inicios de abril.

«Llegó un momento en que nuestra capacidad para sepultar, de casi 100 diarios, era excedida por la misma cantidad de fallecidos que llegaban. Fueron jornadas larguísimas», recuerda Flores.

LA ESPERANZA DE LA VACUNACIÓN

A mediados de 2021, y con la aparición de Guillermo Lasso a la Presidencia, el proceso de inoculación, impresionado hasta ese momento por sospechas de corrupción, se aceleró en el país.

Según el Ocupación de Salubridad, el 84 % de la población tiene las dos dosis y el 21 % la de refuerzo, un stop porcentaje de inmunización que evitó que las imágenes de la primera ola se repitieran con la flamante irrupción de la cambio ómicron.

Ahora el Gobierno cree enredar con más seguridad el fin de la pandemia en el país, al punto que ha flexibilizado las restricciones para las fiestas de Carnaval y ha reabierto la frontera terráqueo con Perú tras casi dos primaveras cerrada.

«Si no aparece alguna otra cambio como la ómicron, y si seguimos con una tasa de inoculación así de buena como ahora, posiblemente para fines de marzo o abril ya podremos dejar de utilizar la mascarilla en lugares abiertos», vaticinó la pasada semana a Efe la ministra de Salubridad Pública, Ximena Garzón.

«Y, para mayo, posiblemente podemos afirmar que nuestro país está soberano del brote de covid-19», vaticinó Garzón, enfocada en conquistar que Ecuador sea el primer país de Latinoamérica en conseguir ese hito.

Fuente: https://elmercurio.com.ec/2022/02/28/ecuador-dos-anos-sin-cerrar-la-dolorosa-herida-abierta-por-la-covid-19/