Depresión, la pandemia invisible

Hablar de salud mental siempre puede ser genérico, mal informado e incluso ofensivo. Por eso escribo desde el más profundo respeto a quienes viven, vivieron o acompañan a alguien que está pasando por problemas de salud mental. Creo que al hablar por experiencia personal es casi imposible equivocarse, porque cada uno vive realidades diferentes, cada ser humano es un universo diferente. Nadie puede decirnos cómo sentirnos ante todo lo que sucede.

La depresión me ha visitado algunas veces en mi vida. Fueron etapas complejas que pude atravesar gracias a la ayuda de profesionales. Por eso, cuando sé que alguien experimenta esa sensación de abismal soledad, vulnerabilidad, baja autoestima, profundo abandono, ese incontrolable deseo de bajar los brazos, sé que de poco sirve si todos quieren llenarte de vacío. frases Señalar, juzgar, burlarse, discriminar, siempre ha sido fácil: “ella es problemática”, “esa loca”, “está deprimida”, “le falta algo”. Tomarlo por lo que es, una enfermedad que mata a más personas que el VIH, es el desafío que nadie quiere asumir.

Con la pandemia, muchos especialistas advirtieron que se avecina una ola de trastornos mentales: 3 de cada 10 mujeres sufren depresión o ansiedad tras el COVID-19, según la OMS. Y los suicidios, el escalofriante resultado de estas enfermedades, se han disparado en Ecuador: el año pasado 1.071 personas se quitaron la vida y casi 190 de ellas tenían entre 10 y 19 años. Esta, la otra pandemia que nos llega, debe tratarse como un problema de salud pública. Y aquí valdría la pena preguntarnos por qué nuestros gobiernos no se han preocupado por la salud mental. Se necesitan protocolos de prevención del suicidio en todos los centros de salud del país, campañas en escuelas y universidades a nivel nacional. Nos quedan recursos para el apoyo emocional de miles de hombres, mujeres y adolescentes que sufren en silencio para evitar ser juzgados. Hoy, en el Día Mundial de la Prevención del Suicidio, preguntémonos qué tan dispuestos estamos a hablar de ello sin prejuicios. Hablemos abiertamente con nuestros hijos y amigos sobre estas enfermedades invisibles pero claramente mortales.

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