Carta abierta al nuevo alcalde

El éxito, los puestos, no son garantía de honor. El hecho de obtener un asiento, sea el que sea, no produce automáticamente honor. La dignidad, la decencia, la integridad, la integridad tampoco se generan de esa manera.

Depende de cómo. Si te revuelcas en el barro, si te retuerces las manos, para lograr algo, a pesar del enorme calibre de la conquista, pueden ser muchas cosas: oportunista, maquiavélico, e incluso se puede calificar de inteligente. Pero nunca estará íntegro ni revestido de dignidad.

Las verdaderas hazañas, nuestro mayor orgullo, nunca se han logrado desde la bajeza que produce resultados personales. Ésta es la esencia de la mezquindad. Lo mejor del ser humano está en mantener los principios; en los individuos que no aprovechan los contextos torcidos para sacar migajas, en los que deciden dejar ir los proyectos porque no cumplen con sus estándares éticos.

Apoyó a Jorge Yunda “hasta el fondo de su corazón”. Te convertiste en vicealcalde porque nadie apostaba tanto por Yunda como tú. Ese hombre fue catastrófico para la capital y ahora usted es el nuevo alcalde.

Hay dos posibilidades, desafortunadamente ambas deshonrosas para ti. La primera, usted creía de verdad en las habilidades de Yunda (lo que me sorprendería, ya que no tenía mucha experiencia en la gestión de los asuntos públicos, ni tiene una formación brillante; por el contrario, respecto a ese individuo hay indicios de posibles irregularidades. , ¿qué le pareció deslumbrante?). Pero digamos que es posible. Interpretaste la capacidad de jugar equavoley como un posible indicador de una buena gestión. Cometiste un error. Cabe recordar que la revocación no fue tuya, no fue tu iniciativa, la apoyaste tardíamente (lo que desmantelaría tu argumento de que tu administración va a enmendar sus errores). Lo correcto, todo, todo es que asume sus locuras, que se disculpa. Por supuesto, sería apropiado que dimitiera. Eso habría dado un ejemplo de ética. Pero no fue así.

La alternativa es que no te importaron los defectos de Yunda. Que apuestes únicamente por el proyecto que te llevaría al poder, sin importar el daño que se generara. Sí, sería una alcaldía catastrófica, ¡pero me llevará a la Municipalidad! Habrá daño, bueno, ¡son efectos secundarios de satisfacer mi ego!

En ambos casos no hay honor. Sabe? Quiero y espero un país mejor. Eso nunca se logrará si se instala la idea de que es potable para alcanzar altas responsabilidades sin importar la ética y el verdadero proyecto político. Estoy feliz de que Yunda se haya ido, el sistema político funcionó. Pero me entristece que su sistema moral, el suyo, esté roto.